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La trampa del tiempo o el por qué tu empresa no progresa

La primera consultora estratégica a tu alcance

Existen muchas razones por las que una empresa puede no tener los resultados deseados: problemas con los productos o servicios ofertados, falta de demanda, exceso de competencia, problemas de financiación, limitaciones legales, crisis económica…

Pero sólo existe una razón que realmente hace que tu empresa no avance: no le dedicas el tiempo que necesita.

… O mejor dicho, no dedicas el tiempo allí donde es realmente necesario.

A estas alturas no debería recordarte que como empresario es tu obligación velar por el desarrollo y progreso de tu empresa, es tu responsabilidad marcar la dirección y asegurarte de que el camino a seguir se encuentra lo más despejado posible.

Y, sin embargo, la mayoría de nosotros dedicamos prácticamente la mayor parte de nuestra jornada laboral… además del tiempo con nuestra familia, el de descanso y las horas de sueño, a apagar fuegos y realizar tareas que, si lo piensas bien, cualquier otro podría hacer y, si esto es así ¿qué valor añadido esperas aportar como empresa a tus clientes?

Por suerte la solución es sencilla e implica la realización de dos sencillos pasos:

1.- Prioriza tu tiempo

No se trata de que trabajes muchas horas, sino de que lo hagas allí donde tu creatividad, experiencia y empuje son realmente imprescindibles y pueden llegar a marcar la diferencia.

Para lograrlo puede servirte como orientación la siguiente matriz de priorización de tareas:

En cualquier caso y para entendernos ante cada tarea lo que debes preguntarte es si es imprescindible que lo hagas tú personalmente o si podría hacerlo cualquier otra persona en la empresa.

Ten en cuenta que para responder a esta pregunta debes tener muy claras las distintas funciones que se desempeñan en una empresa y diferenciar aquellas que comprometen el corazón mismo del modelo de negocio de aquellas otras que son puramente operativas.

2.- Prepara a tu empresa para el reto

Pero claro, por mucho que quieras no todo consiste en priorizar, ya que al fin y al cabo la mayoría de las tareas que se cruzan en tu camino deben ser realizadas y lo más seguro es que no puedas lograrlo solo salvo que quieras morir en el intento.

Y ahí va el segundo paso: desarrolla las capacidades de tu empresa. Recuerda que una empresa es como una navaja suiza, tiene múltiples funcionalidades y posibilidades, pero si no la abres nunca no pasará de ser un caro capricho.

En tu empresa cuentas con recursos, materiales, informáticos y de personal y es tu función crear los procesos necesarios, así como formar y motivar a tu personal para que lleven a cabo el trabajo sin que tengas que ser omnipresente durante el proceso.

Recuerda que no hay excusa más inútil que la repetida frase “tardo yo menos en hacerlo”, y me explico, esto es cierto si las cosas ocurren sólo una vez, pero si son problemas recurrentes sólo tienes que sumar el tiempo que te cuesta hacerlo cada vez y restarlo del tiempo que te costará formar a una persona para que lo haga como tu quieres y, al final verás los beneficios, beneficios de ahorro de tiempo (por fin podrás ver a tus hijos antes de que se duerman) y de capacidad de trabajo ya que ante cualquier problema o urgencia ya no ¡estarás solo ante el peligro! Lo que significa que la empresa podrá resolver las urgencias que surjan sin que para ello deban retrasarse otros proyectos (es una de las ventajas de tener personal polivalente).


Así que la próxima vez que te veas con el agua al cuello sin saber cómo harás para terminar con todos los compromisos que has aceptado, quizás te pienses más en serio en hacer una pequeña inversión de tiempo en mejorar las capacidades de tu empresa para hacer aquello que ahora sólo tú puedes hacer.

Además hay un beneficio adicional, al hacerlo descubrirás que, de pronto, tu modelo de negocio se vuelve escalable, lo que te permitirá aceptar más trabajo y crecer sin que te duela la cabeza por ello.

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